Intervenido por última vez el pasado sábado por sus cataratas, Carlos comentó que su situación de salud mejoró considerablemente. Por lo pronto, el vendedor de praliné ha vuelto a trabajar en su icónico puesto situado por calle 25 de Mayo.
Acerca de su situación inicial, Carlos ilustró: “Yo cruzaba las calles como si fuera vereda. Era algo impresionante cómo yo iba. Tengo que agradecerle al de allá arriba que no me llevaron por delante. Yo iba a trabajar igual así”.
Sin embargo, con todo aquello en el pasado, Carlos se muestra más alegre y predispuesto, sobre todo habiendo recuperado su fuente de trabajo. “Este el único recurso que yo tengo de vender para poder sobrevivir, para poder comer, para poder colaborar acá en mi casa también”. Su oficio, el de pralinero, le fue heredado por su padre, según nos relata, y por ello también Carlos está más contento de recobrar su salud y su ocupación.