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¿Comemos siempre por hambre? Las razones que también influyen al momento de elegir alimentos

Luisina Abrate (MP 44460/8) explicó que el placer, las emociones, los hábitos, las tradiciones y el entorno también intervienen en la conducta alimentaria. Reconocer esos estímulos permite tomar decisiones con mayor libertad.

Salud Miércoles, 07 de octubre de 2026

Comer no siempre responde únicamente a una necesidad física. En su columna, Luisina Abrate, MP 44460/8, egresada de la Universidad Nacional de Córdoba y formada en nutrición médica, propuso ampliar la mirada sobre los factores que intervienen cada vez que una persona decide consumir un alimento.

El hambre es una de las razones posibles, pero no la única. También pueden aparecer el placer, el gusto, la atracción visual u olfativa, la publicidad y el deseo de regular una emoción. En otros casos, la elección está relacionada con costumbres aprendidas, horarios establecidos o situaciones que la sociedad asocia naturalmente con la comida.

Hábitos, tradiciones y contexto

Cumpleaños, celebraciones de fin de año, reuniones familiares o encuentros para mirar un partido son ejemplos de momentos en los que comer forma parte de la experiencia compartida. La disponibilidad, el precio, la practicidad, la percepción de que un producto es saludable o natural y la influencia de otras personas también pueden orientar la decisión.

Abrate aclaró que comer por placer, tradición o emoción no es necesariamente algo negativo. El punto central es reconocer qué está impulsando esa acción. Cuando no existe esa pausa, un estímulo puede generar deseo y conducir directamente a comer de manera automática, sin que la persona alcance a identificar lo que ocurre.

Una pausa para recuperar la capacidad de elegir

La reflexión permite interrumpir esa secuencia y formular algunas preguntas: ¿hay hambre física?, ¿el alimento resulta atractivo?, ¿aparece aburrimiento o ansiedad?, ¿existe una emoción que se busca calmar?, ¿se está comiendo por costumbre o porque realmente se desea hacerlo?

La respuesta no tiene que conducir obligatoriamente a rechazar la comida. Una persona puede decidir comer aunque no tenga hambre física, pero hacerlo de manera consciente le permite observar patrones y comprender mejor su relación con los alimentos.

El objetivo, según el enfoque presentado en la columna, no es sumar prohibiciones ni ejercer cada vez más control. Se trata de recuperar libertad: distinguir los estímulos, reconocer las necesidades y elegir con mayor conciencia qué hacer frente a cada situación.

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