Después de 36 años, Vignolo se despide de la actividad profesional
Después de 36 años de trayectoria, el doctor Mario Vignolo anunció su jubilación y cerró una etapa que lo tuvo como protagonista en la medicina forense y en el ámbito hospitalario de San Francisco. Referente indiscutido en su especialidad, construyó una carrera marcada por el compromiso, la rigurosidad científica y una vocación que, según expresó en más de una oportunidad, nunca vivió como sacrificio, sino como pasión.
Viernes 06 de febrero 2026 | 13:18 Hs.
Su labor comenzó a principios de la década del ’90 dentro del Poder Judicial, donde se desempeñó como médico forense. Desde entonces, intervino en innumerables investigaciones, muchas de ellas complejas y de alto impacto social. Su estilo profesional se caracterizó por una observación minuciosa y una búsqueda constante de detalles, convencido de que en lo aparentemente invisible podía estar la clave para esclarecer un hecho.
En paralelo a su tarea pericial, Vignolo desarrolló una extensa carrera en el Hospital Iturraspe, institución en la que no solo trabajó como médico, sino que también ocupó cargos de conducción durante varios años. Su paso por la gestión hospitalaria dejó huella tanto en lo organizativo como en la formación de equipos de trabajo, además de su aporte en el ámbito académico, donde compartió conocimientos con nuevas generaciones de profesionales.
A lo largo de su trayectoria participó en exhumaciones, autopsias y pericias que exigieron no solo precisión técnica, sino también fortaleza emocional. La medicina forense —una disciplina que obliga a enfrentarse a las aristas más duras de la realidad— encontró en él a un profesional metódico y comprometido con la verdad.
Con la jubilación, el médico inicia una nueva etapa. Lejos de significar un corte definitivo, su retiro se presenta como un cambio de ritmo: más tiempo para la familia, nuevos proyectos y la posibilidad de continuar vinculado a la docencia y a la reflexión sobre una profesión que ejerció durante más de tres décadas.
En paralelo a su tarea pericial, Vignolo desarrolló una extensa carrera en el Hospital Iturraspe, institución en la que no solo trabajó como médico, sino que también ocupó cargos de conducción durante varios años. Su paso por la gestión hospitalaria dejó huella tanto en lo organizativo como en la formación de equipos de trabajo, además de su aporte en el ámbito académico, donde compartió conocimientos con nuevas generaciones de profesionales.
A lo largo de su trayectoria participó en exhumaciones, autopsias y pericias que exigieron no solo precisión técnica, sino también fortaleza emocional. La medicina forense —una disciplina que obliga a enfrentarse a las aristas más duras de la realidad— encontró en él a un profesional metódico y comprometido con la verdad.
Con la jubilación, el médico inicia una nueva etapa. Lejos de significar un corte definitivo, su retiro se presenta como un cambio de ritmo: más tiempo para la familia, nuevos proyectos y la posibilidad de continuar vinculado a la docencia y a la reflexión sobre una profesión que ejerció durante más de tres décadas.
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